Alcanzar el control de la vejiga se considera un hito en el proceso de maduración infantil. La mayoría de los niños consiguen controlar los esfínteres de forma gradual para progresar en el control voluntario hacia los cinco / seis años de edad.
La orina, cuya principal función es la de transportar los desechos líquidos del organismo, se forma en el riñón, de donde desciende hasta la vejiga y se acumula para ser expulsada al exterior de forma periódica a través del acto de orinar. La vejiga es un músculo que a medida que se va llenando de orina se va haciendo más grande como si fuera un globo. De la vejiga sale la uretra (conducto que transporta la orina hacia el exterior) que está regulada por un esfínter que hace las funciones de un grifo, que abrimos y cerramos permitiendo la función de orinar.
La habilidad para orinar o inhibir la micción es un proceso evolutivo condicionado por factores genéticos, orgánicos y funcionales.
- Entre el primer y el segundo año de edad los niños son conscientes de que la vejiga urinaria está llena.
- Entre el segundo o tercer año es cuando adquieren la habilidad de control de la emisión de orina
- Es alrededor de los cuatro años cuando casi todos los niños adquieren un patrón miccional adecuado a partir de un entrenamiento que les permite retener la orina por períodos de tiempo cada vez más prolongados.
- En diferentes partes de este proceso se pueden adquirir patrones miccionales incorrectos.
Cada niño tiene su propio desarrollo madurativo que hay que respetar y los padres deben ser pacientes para no interferir en él. Este proceso puede darse hasta los cinco o seis años y no se considera ningún problema médico o psicológico.
Alrededor de los seis años de edad (cinco años para las niñas y siete los niños), la falta de control del esfínter vesical se denomina enuresis, que puede ser nocturna, diurna o darse conjuntamente.